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"El señor candidato”

Por Salvador de la Rosa S.

 

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El hermoso edificio de 20 de Noviembre y calle Victoria, donde hasta hace unos años se encontraban las oficinas administrativas de la presidencia municipal de Durango, se acordó por parte del cabildo que se destinará a un museo regional.
El patio de esta vieja casona, lucía imponente, por lo que se determinó que fuera ahí donde se sirviera la comida que el partido oficial ofrecía a su candidato al gobierno del Estado, además se celebraba el aniversario de la fundación del partido.
Llegó el día acordado y los arcos de cantera gris que circundaban el patio principal, fueron adornados con ramas de pinos que fueron traídos de la sierra, a las que se les agregó flores de crisantemos, sólo que éstas eran de plástico por lo que el adorno resultó muy fuera de contraste.
Amarrados a los barandales del segundo piso se colocaron escudos del Estado de Durango, entrelazados con escudos del partido político oficial, al fondo de la escalinata principal, se colocó el retrato del candidato a gobernador, no se trataba precisamente de una obra de arte, algunos de los invitados comentaron entre ellos, que esa pintura no le favorecía en nada al próximo gobernador.
Uno de los regidores buscando congraciarse con el diputado Anselmo del Pinar, que a la sazón ocupaba el cargo de presidente de la cámara de diputados, le hizo el comentario acerca del retrato gigantesco que se había hecho del hombre que enarbolaba la bandera del partido diciendo:

  1. Ese cuadro se aleja mucho de la figura recia y decidida de nuestro señor candidato, ¿No lo cree usted así, señor diputado?
  2. Es posible… es posible.

Respondió entre dientes el presidente del Congreso local y dio las espaldas al regidor que se quedó mirando el cuadro buscando tal vez ese gesto duro que representaba la gran decisión con que el candidato había llegado a ser el elegido por las bases del partido para luchar por el triunfo electoral.
Desde la banqueta que daba a la calle, un grupo de policías municipales debidamente uniformados, formaban una valla que permitía la entrada únicamente a los que llevaban en la mano la invitación en cuya portada sobresalían los colores del partido oficial. Mientras que en los corredores del segundo piso, había sido instalada la banda de música del gobierno del estado, que deleitaba a los concurrentes con gustados pasos dobles.
El presidente del partido oficial, Lic. Silvio Martínez, se paseaba nervioso entre las mesas que ya empezaban a ocuparse, cuidando que todo estuviera en su lugar para cuando llegara el señor candidato y su comitiva, le hizo una señal a su secretario particular el ingeniero Juan López, a quien todos llamaban “Lopitos”  para que se acercara hasta donde él estaba y le preguntó:

  1. ¡Vea usted! compañero “Lopitos” ¿No le parece imponente cómo luce este patio?
  2. ¡Sí señor! está realmente imponente.

El secretario particular del presidente del partido oficial era un joven delgado que aparentaba menos de los 28 años que tenía, vestía siempre un traje negro que lucía brilloso por el constante uso, tenía la costumbre de responder a cualquier pregunta manifestando su aprobación, sobre todo si quien preguntaba era el presidente del partido, quien comentaba con sus allegados: “el compañero Lopitos es un secretario perfecto, jamás discute una orden y siempre la cumple al pie de la letra”.
En una ocasión el diputado federal don Antelmo del Rosal, un viejo lobo de la política, viendo la eficiencia con que el compañero “Lopitos” cumplía con sus comisiones, dándole unas palmadas en el hombro le dijo unas palabras que Juan López guardaría como un gran tesoro:

  1. ¡Usted llegará muy lejos, Pero muy lejos! Compañero “Lopitos”.

Unos ayudantes con traje oscuro y lentes para el sol, juntaron cuatro mesas que se encontraban frente al presídium y que de inmediato fueron ocupadas por los señores diputados pertenecientes a la bancada del partido oficial, que amenazaron a los organizadores con retirarse sí no los sentaban a todos juntos. La voz del diputado Zoilo Domínguez, sobresalía entre todos sus compañeros de cámara, más que nada porque tenía una voz de tenor que callaba la de cualquier otro, pero su voz se quedaba chica ante lo estruendoso de sus carcajadas que muchos aseguraban se escuchaban a tres cuadras a la redonda.
En una ocasión el diputado Zoilo Domínguez subió a tribuna en el salón de sesiones de la cámara y estaba tan emocionado hablando de la revolución que sus gritos invitaron casi a todos a abandonar el recinto, los que no pudieron hacerlo fabricaron tapones con las hojas de papel y se las colocaron en los oídos.
El diputado Domínguez, utilizando su bien calibrada voz, les dijo a sus compañeros de bancada:

  1. ¡Compañeros! ¿Qué les parece si les hacemos los honores a un par de botellitas de tequila añejado que traigo en el choche?
  2. ¡Claro! - gritaron los diputados al mismo tiempo - ¡Claro que sí!
  3. “Tú siempre tan oportuno Zoilo” dijo sonriente acomodándose su texana 5 equis, el diputado Cirilo del Rincón, que a la vez era el secretario general de la central campesina.

El presidente estatal del partido oficial, continuaba paseándose por las mesas muy ufano, repartiendo saludos a todos aquellos que le salían al frente, a la vez que respiraba muy complaciente:

  1. ¡Qué momento es este “Lopitos” qué momento!
  2. ¡Será histórico! señor con toda seguridad.
  3. ¡Dese luego que sí! compañero “Lopitos”, desde luego que sí, no podría ser de otra manera, nuestro candidato se merece esto y más, ¿No le parece?

El secretario de organización del partido, Ladislao Fortuna, se acercó a ellos para decirle al presidente del partido, visiblemente preocupado:

  1. Señor no ha llegado el señor candidato y su comitiva.
  2. Eso veo, compañero Fortuna, eso veo.
  3. Pero, esta tardanza me preocupa, acabo de llamar a la casa de campaña y nadie nos puede dar razón en dónde exactamente se encuentra.
  4. No se preocupe, el señor vendrá, no puede desairar a su partido. Esperaremos, compañero Fortuna, esperaremos.

El presidente del partido oficial en el fondo sí se sentía preocupado, presintió su desastre si no llegaba el señor candidato acompañado de su distinguida esposa y los hombres que formaban su principal equipo de trabajo, se decía para él mismo, “no, esto no puede suceder”, “a lo mejor el señor está molesto por la muerte del candidato a presidente municipal de “San Pedro de los Azafranes” pero ni modo que sea culpa del partido”, “todos aceptaron que su muerte había sido por motivos pasionales, el mismo autor del crimen confesó que le andaba ganando a la esposa”.
De pronto su secretario particular le avisó con un ligero movimiento de cabeza la llegada del señor Arzobispo don Irineo Ortega del Campo, acompañado de cuatro dignatarios más, vistiendo todos el riguroso traje negro con el cuello blanco:

  1. ¿Cómo está usted señor Arzobispo?
  2. ¡Muy bien gracias a Dios? ¿Y usted cómo ha estado don Silvio?
  3. Pues bien, parece que también Dios no nos deja de su santa mano y las cosas nos están saliendo a las mil maravillas, ya ve en las últimas estadísticas nos aseguran que en estas elecciones ganaremos casi el carro completo, por eso hay que reconocer que Dios tiene mucho qué ver en esto.

Los dos rieron de muy buena gana, el presidente del partido queriendo cortar la plática se le adelantó al Arzobispo para decirle: “pero pasen, pasen ustedes”, volteando hacia su secretario particular le indicó de inmediato: “ingeniero López atienda usted a nuestros invitados como se merecen”.
Enseguida llegaron los señores de la Cámara Nacional de Comercio encabezados por su presidente y diez integrantes de la misma, todos saludaron muy cortésmente al presidente del partido y se apresuraron a buscar mesas dónde sentarse.
 Minutos después entraban los señores banqueros, elegantemente vestidos y con muestras visibles de no sentirse a gusto en esa reunión que consideraban de políticos que sólo pierden el tiempo. Atrás de ellos llegaron los señores industriales, que formaban una comitiva de diez gentes, que sin esperar a ser recibidos, corrieron en busca de mesas. El grupo de magistrados y jueces representantes del Poder Judicial, exigían a gritos que se les colocara en un lugar especial donde pudieran estar todos juntos. El diputado Zoilo Domínguez, que había escuchado la discusión, gritó con su voz de tenor:

  1. ¡Que no los pongan juntos, porque se roban unos a otros!

Lo que provocó la risa de todos los diputados que ya iban en la segunda botella de tequila añejado, que había llevado el propio diputado Domínguez.
El presidente del partido oficial, tenía para todos abrazos, apretones de manos, sonrisas y frases de agradecimiento, siempre seguido muy de cerca por su secretario particular que hacía a un lado las sillas que pudieran estorbar a su jefe.
 El Lic. Silvio Martínez, respirando profundamente veía el patio iluminado y a las personas que sólo él y nadie más que él, había invitado. “El acto político más importante del año”, se repetía para sus adentros una y otra vez.
El secretario de organización del partido, muy agitado se acercó nuevamente para decirle:

  1. ¡Señor! no tenemos ninguna noticia del señor candidato y su comitiva.
  2. ¡Por favor! compañero Ladislao, no me ponga más nervioso de lo que ya estoy, comuníquese de inmediato con el mayor Basílides Gómez, que es su jefe de seguridad, él debe de saber en dónde se encuentra el señor, no tenemos por qué alarmarnos. Le aseguro que vendrá.
  3. ¿Y si no viene?
  4. ¡Eso no podrá suceder! ¡No diga tonterías! hable con las gentes de seguridad, ellos nos podrán informar en dónde se encuentra el señor.

De pronto, un clarín sonó agudo, y los ahí reunidos, obedeciendo a esa señal que ya era común, enmudecieron, ¡Firmes”, gritó el capitán de la guardia de policías municipales que se encontraban formando valla a la entrada del edificio, y por la puerta principal se anticiparon casi corriendo, los miembros de seguridad del señor candidato.
Rodeado de los que él llamaba sus colaboradores íntimos y del brazo de su señora esposa doña Benita del Rosal, entró el candidato a gobernador precedido por aplausos y vivas, confeti y flores que caían de los corredores del segundo piso del edificio municipal.
El presidente del partido, se adelantó a todos y casi en éxtasis le dijo:

  1. ¡Señor candidato bienvenido!
  2. ¡Qué tal Lic. Martínez!  ¡qué tal!.

Un grupo de jóvenes y guapas edecanes, que vestían con los colores del partido oficial, rodearon al hombre de mayor importancia en esos momentos y una de ellas, la más alta del grupo, entre los aplausos de los concurrentes, le puso un collar de flores en el cuello del candidato.
El diputado Zoilo Domínguez, que se encontraba a unos diez metros de la escena, con su voz de tenor le comentó a sus compañeros de bancada:

  1. ¡Hasta parece que estamos en el Hawaii. Pero nos hubieran puesto una a cada uno.

El candidato al gobierno del estado, que alcanzó a escuchar el comentario del diputado Zoilo Domínguez, retiró el collar de flores de su cuello y le pidió a una de las edecanes que se lo llevara al diputado Domínguez.
El presidente de la Cámara Nacional de Comercio, comentó con uno de sus compañeros que tenía a un lado:

  1. No hay duda que los señores diputados, van de error en error, ahora como un digno remate de su obra, critican que se le haya puesto un collar de flores al señor.
  2. Tiene usted razón, para vergüenzas no gana uno.- Dijo la persona que estaba a su lado.

Pero un tercero que se encontraba enfrente intervino: “Yo considero que estuvo bien dicho, hay que hablar con la verdad”. El presidente de los comerciantes, tosió y con cierta gravedad, al sentarse, desdobló la servilleta y se limpió la boca.
El maestro de ceremonias destacó la presencia del señor candidato y de su distinguida esposa, así como de los principales invitados de honor que ocupaban la mesa principal, los aplausos y las vivas se escuchaban por todo el salón. El discurso principal estaba a cargo del propio presidente del partido Lic. Silvio Martínez, que esperó unos instantes mientras su secretario particular colocaba el legajo de hojas que contenían el discurso que ese medio día pronunciaría con motivo de un aniversario más de la fundación del partido oficial. Silvio empezó su discurso diciendo: “Quiero en esta ocasión ser portador de una gran verdad, decir a ustedes que si bien es cierto que nuestro partido llega el día de hoy a un aniversario más de vida; también es cierto que esto se debe en gran medida al hombre que nos gobierna, que ha logrado conciliar los intereses de todos los sectores de nuestro estado, en bien de la comunidad entera, labor ésta que les puedo asegurar será continuada por nuestro candidato aquí presente”.

  1. ¡Claro! - gritaron varias voces al mismo tiempo.

“El hombre que nos gobierna y el hombre que aspira a gobernarnos mediante el voto popular, han logrado conciliar los intereses sin los cuales en una sociedad como la nuestra no existirían las garantías que son necesarias a las fuerzas creadoras del trabajo, porque nuestro candidato aquí presente, es portador de un espíritu abierto y patriota que siempre ha puesto una mano amiga a todos los que exponen su capital para que nuestra entidad continúe avanzando”.
Al concluir su discurso el presidente del partido oficial Lic. Silvio Martínez, los gritos y las vivas se dejaron escuchar de inmediato, ¡Bravo! gritaban los presentes, el diputado Benigno Montes, dejó de aplaudir para decirle al compañero que tenía a un lado:

  1. En un gran orador, no cabe duda, con este discurso de seguro ya amarró la secretaria general de gobierno,
  2. Pues bien que se la merece, ha trabajado mucho, además el candidato lo tiene entre uno de sus mejores amigos.
  3. Pues para tu conocimiento él y yo, fuimos compañeros de generación y nos reunimos cada día último del mes a desayunar.

Momentos después el candidato al gobierno del estado, se levantó de la mesa de honor extendiendo su mano derecha para despedirse de los presentes y salió de la misma manera que llegó de prisa y sin saludar de mano a nadie, ya en la puerta del edificio el señor candidato le dijo a Silvio Martínez:

  1. Muy bien Silvio, no cabe duda que estás aprendiendo.

                                                              Salvador_delar@hotmail.com

 

 

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